Once de diciembre.

Desde mediados del año 2000 yo había estado trabajaba como diseñador gráfico en una empresa que era a la vez una gigante imprenta comercial en decadencia y una mediocre fábrica de cuadernos y otros artículos escolares. En un par de años iba a resultar obvio que en el mercado ya no había lugar para grandes imprentas comerciales y que, quizá, haber entrado a la carrera de diseño no había sido la mejor de las ideas. El futuro no pintaba bien.

Había estudiado antes una carrera técnica en informática y sabía programar pero no había escrito una sola línea de código en años. En su momento, recién egresado, había estado buscando trabajo como programador pero no pude hallar nada bueno (la verdad es que no estaba preparado para salir al mercado laboral, recuérdenme que tengo que escribir después al respecto) así que un amigo de mi papá aceptó contratarme como diseñador por qué, ya saben, sabía dibujar y “le movía a la compu”.

Para 2003 estaba harto de “diseñar” productos escolares pirateados de Scribe y la carrera de diseño gráfico parecía cada vez más una perdida de tiempo. En algún momento del verano re-descubrí mi amor por la programación y empecé a jugar con ASP classic y IIS. Se sentía como <% magia() %>.

Entonces yo, después del desayuno, buscaba casi todos los día la palabra diseño en las secciones de empleo de los avisos de ocasión locales. Nunca aparecía nada interesante, pero estaba harto de mi situación laboral así que seguía buscando.

A mediados de diciembre –un jueves, apareció un anuncio que llamó mi atención. Se solicitaban diseñadores web, con cualquier nivel de experiencia, y prometían buenos ingresos. Les escribí un email “No tengo mucha experiencia en web, pero sé diseñar y sé programar y aprendo muy rápido. Aquí está mi número telefónico”. Minutos más tarde recibí una llamada. “Ya terminaron las entrevistas”, me dijo, “pero voy a estar hoy en el Sanborns de Vallarta de 6 a 7, si quieres podemos platicar”.

Así es chicos, no había Starbucks en Guadalajara, si querías café y wi-fi, Sanborns era tu lugar.

Albert estaba a la hora indicada y yo me acerqué nervioso pues no había salido por la mañana vestido como para ir a una entrevista de trabajo, lo cual es afortunado porque resulto que esto no era una oferta de trabajo.

Resulta que venía promoviendo una plataforma de reselling de hospedaje web –Domain gurus, se llamaba– y quería reclutarme para ser reseller. Lo hizo con una gran habilidad. “Pagas 50 dólares, Armando, y puedes hospedar todos los sitios que tu quieras”, me dijo muy convincente, “Si tienes sólo tres clientes que te paguen 20 dólares al mes por hospedaje, el servicio se paga sólo y tu ya empiezas a ganar”. De repente sentí que un nuevo mundo de posibilidades se abría ante mis ojos. ¿Trabajar por mi cuenta? ¿Tener un ingreso pasivo? Esos no son conceptos que fueran siquiera parte de mi modelo mental. Siempre pensé que iba a ser siempre un empleado. Ese era el plan. Mis sueños de diseñador más atrevidos llegaban hasta director creativo de alguna agencia mediana. “Y eso sin contar, obviamente, lo que tu le cobres a los clientes por hacer sus sitios. Esto es extra”. Shut up and take my money.

Ahora, no estoy diciendo que fuera una gran oferta ni una gran plataforma, y debería haber estado molesto porque yo llegué creyendo que me ofrecerían un trabajo. Pero, deben entender, que la idea de ser auto empleado o emprendedor eran conceptos que simplemente no habían tenido cabida en mi cabeza hasta entonces. Mi cabeza explotó.

”¿Conoces PHP? No, olvídate de ASP, aprende PHP. Es fácil. Y aprende sobre DNS. Mira, dame tu correo y te creo una cuenta. Si mas tarde te decides sólo pones una tarjeta de crédito y ya”. Tarjeta de crédito. Yo no tenía tal cosa. Era un diseñador mediocre en una imprenta en un pueblo bicicletero y 50 dólares era la mitad de mi sueldo semanal.

Me fui caminando hasta a mi casa, y diría que estaba pensativo, pero creo que en realidad ya lo había decidido.

Mi papá no tuvo problema con prestarme su tarjeta de crédito. “A ver si pasa”, gracias Pa. Yo estaba nervioso, esta iba a ser mi primer compra en línea. Iba a darle nomás treinta días, si conseguía clientes entonces esto se pagaba solo. Si no, me dije, pos lo cancelo.

Luego de investigar qué rayos era PHP, descargué e instalé WAMP en mi vieja PC de escritorio. Ahora solo necesitaba un dominio. ”¿Qué estoy haciendo?”, dude por un instante, “Esta mañana estaba diseñando un volante para una carnicería, estoy… tan fuera de mi liga”. Y me acordé de esa porción bíblica llamada la oración de Jabez: “Oh, si en verdad me bendijeras, ensancharas mi territorio…”.

Estaba decidido. No más limites.

11 de diciembre del 2003, era jueves, y yo registraba mi primer dominio: nolimit-studio.com.

El resto, como dicen, es historia.

Tecnología, emprendimiento en México, cultura… ¿Y todo esto sirve de algo?

Los temas centrales de este humilde blog se han mantenido constante a lo largo de los diez años que lo he estado escribiendo. Diseño, programación, internet, cultura digital, freelancing y emprendimiento en México con alcance global. Todos esos son temas que me apasionan y que de alguna manera me han provisto de oportunidades inesperadas para cambiar y mejorar mi vida.

Mi única intención al escribir este blog o twittear ha sido la de influir e inspirar al compartir mi experiencia y conocimiento.

Aunque alguna vez cometí el error de hacerlo, no me gusta escribir de política. Y aunque a veces me siento con ganas de expresar mi punto de vista desde la teología (otra gran pasión) y mi fe, decidí que lo mejor es hacer eso en otro lado.

Sin embargo, en lo que respecta a este blog y a mi persona pública, no puedo mirar el panorama socio-político de mi país sin sentirme un clasemediero frívolo escribiendo encerrado dentro de su realidad web 2.0, alejada de la realidad real™ de México. Que si las startups, que si la experiencia de usuario, que si el iPad y los podcasts… y mientras, mi país arde.

No me malinterpreten, sigo estando plenamente convencido de que, económicamente hablando, lo mejor que le podría pasar a México es convertirse en un país donde la innovación tecnológica es la norma. Creo que un vibrante ecosistema de startups exitosas hoy significaría un futuro lleno de oportunidades para los mexicanos del mañana.

Pero esa clase de optimismo (o autoengaño) precisa de tiempo, y por estos días parece que el tiempo se nos acaba.

Algunas personas solo quieren ver el mundo arder

La principal razón por la que me refreno de comentar sobre asuntos políticos y sociales es porque pareciera que todos los mexicanos han abrazado un modelo mental prefabricado y de una manera tan apasionada que es imposible tener una conversación coherente.

En México hay una carencia total de empatía porque todo, todo es tratado como una dicotomía.

Si crees que lo mejor que puedes hacer hoy en día por tu país es salir a las calles y a protestar, ya sea pacíficamente o mediante actos de desobediencia civil, vas a ser considerado un revoltoso, irrespetuoso y anarquista. Si, por cualquier razón, decides no participar de estas demostraciones entonces eres un conformista de derecha que pasa sus días viendo todo lo que produce televisa.

No hay bemoles, no hay grises, no hay empatía. Estás con nosotros (quien quiera que seamos nosotros) o estás en nuestra contra.

Como me gustaría que se pudiera compartir opiniones, razonablemente y como gente civilizada. Y ¿por qué no? darnos el lujo de cambiar de opinión si las razones son correctas.

Uno puede soñar.

Podcasts

Una oda a mi medio preferido

Debo confesar que soy un adicto a los podcasts. Probablemente por una derivación de mi afición adolescente hacia la radio hablada, hoy en día los podcasts de audio constituyen sin lugar a dudas, la mayor parte de mi consumo de contenido multimedia. Podré dejar de ver TV, de ir al cine y de escuchar música, pero a mis podcasts no los cambio por nada.

Disclaimer: Sobra decir que los únicos podcasts en los que he estado interesado son los que tratan de tecnología, emprendimiento, cultura, especialmente cultura geek, y temas similares. Así que probablemente en este artículo ignore por completo algún show súper exitoso porque seguramente considero basura.

Cuando todos y su mamá tenían un podcast.

Por allá, en el lejano 2007, escribí un post donde recomendaba mis cinco podcasts mexicanos favoritos. Curiosamente, solo un podcast mexicano de esa lista sobrevivió al paso del tiempo. En aquel entonces vivíamos una especie de boom del podcasting que duraría un par de años más.
Recuerdo que mi lista de reproducción estaba llena de podcasts mexicanos y en español que, si bien no eran grandes producciones en su mayoría, muchos tenían contenido interesante y eran agradables de escuchar.

Los shows que tenían intenciones comerciales fueron los primeros en caer. Parece ser que simplemente no pudieron encontrar un modelo de remuneración que funcionara con el público hispano.

En otros lados del mundo, los podcasts que producen dinero han seguido uno de dos modelos: el cobrar a un patrocinador por la lectura de anuncios comerciales durante el programa, o bien, recibir donaciones directamente de los escuchas del programa. Muchos optan también por un modelo híbrido.

Pero por supuesto que no todos los que producen un podcast tienen en mente hacer dinero. Muchos lo hacen como hobby, solo por el gusto de difundir su conocimiento o con la esperanza de expandir su influencia en ciertos círculos. La mayoría de los podcasts producidos en español durante ese primer boom caerían dentro de esta categoría.

Donde están Squarespace y Audible.

Creo que es fácil asumir que estas dos empresas sostuvieron el ecosistema de podcast en inglés durante muchos años. Quién que guste de los podcasts no escucho cientos de episodios que comenzaban con “This episode is sponsored by Squarespace”. El fit no podría ser más adecuado: productos que buscan una audiencia que sabe de tecnología la encuentran en shows producidos por gente que sabe de tecnología para escuchas afines.

De la misma manera que el patrocinio de estas marcas explica la continua existencia de una industria de podcasts comerciales en inglés ––aun a través de los años difíciles, la carencia de éstas explica por qué nunca tuvimos podcasts comerciales exitosos en México.

Claro, en su momento los shows más populares tuvieron a grandes marcas como Telmex y Nokia patrocinandoles, pero creo que es seguro decir que los intereses de estas marcas no están alineados con los de la audiencia en una manera tan perfecta como sucede con Squarespace.

El resurgimiento del podcasting

Es bien conocida la historia de como Twitter surgió de una fallida empresa llamada Odeo, fundada por Ev Williams, quien quería hacer por los podcasts lo que Blogger hizo en su momento por los blogs. En aquel entonces, por un poco de tiempo, se creyó que los podcasts eran el medio del futuro y que pronto remplazaría el radio tradicional. Las cosas no sucedieron exactamente de esta manera, por eso es que casi nadie se acuerda de Odeo.

Sin embargo, parece ser que la barrera técnica que impidió inicialmente la aceptación mainstream de los podcasts, va dejando de ser un problema ahora que la proliferación de los smartphones y otros dispositivos móviles ha producido una audiencia más sofisticada. El 20% de los adultos estadounidenses escuchan por lo menos un podcast mensualmente mientras que casi nadie menor de 30 años posee un aparato receptor de radio.

Consecuentemente, luego del éxito que tuvo 5by5 de Dan Benjamin con su formato de darle espacios de expresión a personalidades de la escena geek y producir una gran cantidad de contenido periódico con una alta calidad de producción, han surgido muchas otras redes e individuos que han copiado su modelo con gran éxito. Y cuando digo éxito, no me refiero solo al que se mide en popularidad e influencia, sino que también el medio se ha vuelto exitosamente remunerable.

El futuro del medio

Como dije, el podcasting es definitivamente mi medio favorito. La barrera de entrada es lo suficientemente baja como para que sea razonablemente democrático, pero suficientemente alta como para asegurar un cierto nivel de calidad. Es asíncrono, por lo que me permite consumir contenido mientras hago otras cosas sin querer monopolizar mi atención de la manera en que el texto o el video lo hacen.

Dicho de otra manera, es el medio perfecto para cierto tipo de contenido que atrae a personas como yo que no tenemos mucho tiempo, pero que vivimos en la red, tenemos tarjeta de crédito y consumimos en línea. Los patrocinadores están dejando dinero en la mesa.

En los próximos meses veremos el surgimiento de grandes redes con millones de dólares en inversión (ejemplo: Gimlet Media, cuyo desarrollo está siendo documentado… ¡En un podcast!) pero la naturaleza del medio, en mi opinión, seguirá permitiendo que pequeños jugadores produciendo contenido de nicho puedan ser relevantes y exitosos.

Ahora, lo que quisiera ver es el surgimiento de una o varias redes independientes de podcasting en México. Es inminente que cuando televisa y otras grandes empresas de medios se den cuenta de este segundo boom van a querer volver a meter su basura en nuestros podcatchers. Y no habrá nada que podamos hacer para impedirlo. Pero conozco de mucha gente talentosa que es perfectamente capaz de producir excelentes contenidos en español y quisiera creer que están esperando la oportunidad de lanzarse al ruedo otra vez o por vez primera.

Por favor, háganlo. Produzcan podcasts.

¿Es usted un artesano?

En algún momento de el año pasado se cumplió oficialmente mi primera década como –la verdad es que no se bien cómo definirlo, ¿web designer? ¿web developer…?– persona que se dedica a hacer web profesionalmente. Y por alguna razón me he puesto muy reflexivo e introspectivo respecto a la profesión, al medio, y a lo que significa hacer lo que hacemos diariamente.

Hoy me encontré con este artículo: Seven principles of rich web applications, escrito por Guillermo Rauch que en partes iguales me voló la cabeza y me confirmó algunas conclusiones a las que había llegado por mi cuenta y enseñaba en mis charlas.

El stack de aplicación y la cantidad de tecnologías involucradas en hacer un sitio (o aplicación) web hoy en día requiere de una cantidad de habilidades interdependientes que van creciendo cada día en complejidad. Antes era un tema controvertido el que si los diseñadores deberían ser capaces de implementar sus diseños en código, hoy me parece un tema tan absurdo como que si los carpinteros deberían saber cortar madera.

Al igual que un buen artesano conoce su producto de pe a pa, desde la selección de ingredientes hasta la manufactura, producción y distribución de los bienes que produce, el desarrollador web moderno posee las habilidades necesarias y puede crear productos completos si hace falta. Es un artesano.

Es mi opinión que esos diseñadores que solo saben pasarle los PSDs que hizo a alguien mas para que los rebane y los maquete, junto con otros especialistas, pronto no tendrán lugar en la industria. Repito, es mi opinión, pero mi intención no es convencer a los especialistas actuales que tienen buen trabajo y ganan bien. Bien por ustedes.

La razón por la que comparto esta opinión es para las siguientes generaciones que no están siendo preparadas para el mundo hiper-competitívo que es la escena tech de hoy en día. Lo siento, lo más probable es que su licenciatura en comunicación gráfica y su maestría en diseño de interacción no les vaya a servir de mucho.

Sean generalistas, sean artesanos.

Cajas de cereal

Desde antes que me dedicara profesionalmente (es decir, que alguien me pagara) a esto de diseñar cosas, yo ya estaba fascinado con el mundo del package design. En la universidad fue una de mis materias favoritas y probablemente para la única que hacía las tareas con gusto. Me encantan los empaques y me obsesionan las cajas, los suajes y las texturas del cartón. Aun así, estoy seguro que no soy el más raro de entre los diseñadores.

Uno de los grandes desafíos del packaging design es la necesidad de hacer un acto de balanceo entre dos requerimientos contrarios: por un lado hay que conservar una cierta familiaridad con el resto de productos en la misma categoría y por el otro hay que ser únicos y destacar entre los productos similares. En ninguna otra categoría m eparece éste acto de balanceo mas evidente que en el diseño de las cajas de cereal.

No soy un experto en la industria, ni siquiera un entusiasta de los cereales (para un servidor los cereales son postres, no desayunos. Los desayunos llevan tocino), pero creo que es seguro decir que la innovación en el mundo de los cereales es prácticamente nula. ¿Cómo pueden entonces diferenciarse los productos unos de otros cuando todos están compitiendo por atención en el estante del supermercado? ¡Pues con empaques más y más llamativos!

cereales

Esta mentalidad de competir en un estante por la atención del cliente se aplica también a otras industrias –Las portadas de los magazines o de los libros me vienen a la mente como otros ejemplos. Y parece ser que durante años la industria web ha seguido detrás de esta misma mentalidad. La labor del diseñador web se ha definido como la de quien viste las páginas de colores vistosos y las hace únicas y destacables para competir en un estante virtual.

Pero tal estante no existe. Lo que convierte a prospectos en clientes no es lo bonito o lo flashy del diseño de tu sitio sino una cantidad de otras cosas que rebasan el alcance de este post.

Los diseñadores debemos dejar de preocuparse menos y menos por los aspectos gráficos y más por diseñar experiencias, lo cual no se logra siendo el que viene al final del proceso a aplicar una capa de pintura sino por estar involucrado en cada fase del proceso de creación de un producto.

TL;DR: Nosotros diseñamos experiencias, no cajas de cereal.

Por qué trabajar en una startup

Startup

Me pidieron que compartiera mi experiencia luego de trabajar en una startup con inversión de capital de riesgo. Hay mucho que hablar al respecto. Trabajar en una startup ha sido una de las experiencias mas importantes de mi vida, así que voy a ir poco a poco. Esta es el primer artículo al respecto.

Un algún momento, durante de la primavera del 2010, por poquito y se abren oficinas de Onswipe en la ciudad Guadalajara.

La idea, si no mal recuerdo, era tener parte del equipo de desarrollo de producto: diseño e ingeniería por acá mientras los chicos en NYC hacían ventas y cosas de negocio. Al final resultó imposible reclutar talento local y fue más fácil armar el equipo de producto allá en NYC.

Ahora, después de trabajar en startups los últimos 6 años de mi vida (contando la propia, fracasada miserablemente) he aprendido algunas lecciones que me sirven ahora para tratar de motivar a mis queridos y abandonados lectores de una manera que no hubiera podido hacer en 2010.

Por qué trabajar en una startup: Una startup no se trata de dinero.

El principal problema con el que nos encontramos es que la gente realmente talentosa en la ciudad tenía empleos muy bien pagados en agencias y en grandes trasnacionales. Los que estaban dispuestos a dejar su empleo por Onswipe, sólo iban a hacerlo por cantidades astronómicas.

Pero las startups se tratan del futuro y de la oportunidad única de participar dándole forma. No del dinero.

Es un hecho, hay formas más seguras y fáciles de tener dinero, pero que son infinitamente más aburridas. No digo que sea malo. Si eres una persona que prefiere lo seguro y que no te molesta lo común o aburrido entonces haces bien en no trabajar en una startup.

Por otra parte…

Por qué trabajar en una startup: Una startup es una cruzada

Aunque suene cursi, todo comienza con una misión y una visión. Y entre más grande y ambiciosa sean éstas, el riesgo de fallar aumenta exponencialmente. Así que antes de trabajar en una startup, es bueno preguntarse si uno cree suficiente en la visión y analizar fríamente si de verdad es una visión alcanzable y que vale además la pena alcanzar.

Pero si sí comulgas con la visión, entonces no lo dudes. Es enteramente posible que ganes mucho más dinero dando soporte técnico a gasolineras pero para ti, que quieres cambiar el mundo, eso no es suficiente.

Por qué trabajar en una startup: Una startup vive en el mañana.

La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo, dijo Alan Kay. Y para trabajar en una startup tienes que tener un extraordinario desapego a lo que ya se hizo. Incluso a lo que tú mismo ya hiciste. Si eres programador, por ejemplo, y tienes pensado dejar de programar en Fortran cuando te arranquen el teclado de tus frías manos muertas, entonces no tienes lugar trabajando en una startup.

Hay personas que tienen que tienen un terror patológico a lo nuevo, a lo desconocido. Otro tipo de personas somos early adopters por naturaleza. Idealmente, todos los empleados de una empresa joven de tecnología están motivados por hacer cosas nuevas y esto resulta en el tipo de sinergia que mueve la industria adelante. Las mejores startups son intrínsecamente disruptivas[1] mientras que los trabajos tradicionales están motivados a preservar el status quo.

Así que, si para tí la peor respuesta posible a la pregunta ¿Por qué hacemos ésto? es “Por que así se ha hecho siempre”. Felicidades, te va a gustar trabajar en una startup.

Por qué trabajar en una startup: Una startup no es un trabajo. Es tu vida.

Recuerdo que en algún momento, durante el primer mes de vida de Onswipe como compañía, mientras trabajábamos a marchas forzadas para construir la primera versión del producto y antes de anunciar la primera ronda de inversión le escribí a uno de mis coworkers preguntándole el status de un requerimiento. Ah, yo pensé que no trabajábamos los sábados, fue su respuesta.

Por supuesto que trabajábamos los sábados, y los domingos. Día y noche. No digo que no descansáramos nunca, sino que no hay horarios. La estructura de un trabajo normal no aplica, porque empiezas cuando hace falta y te vas cuando terminas. En aquel entonces no teníamos managers ni estructura (en un post futuro hablaré de mi experiencia con los cambios estructurales del management) pero estábamos internamente motivados por un único objetivo: Lanzar.

Así que si amas las estructuras y los horarios y la libertad que conlleva el que te digan exactamente qué hacer no trabajes en una startup. Pero sí lo que te motiva es trabajar incansablemente para crear y lanzar productos en los que realmente crees, bueno… creo que ya agarraste la onda.

Por qué trabajar en una startup: Una startup es aprendizaje.

Finalmente, en mi experiencia personal, trabajar en startups ha sido la mejor experiencia educativa de mi vida. Cómo las mejores startups viven en el mañana, prácticamente nada que aprendas en la escuela te va a preparar realmente para enfrentar los retos de tu startup. Pero después de unos años de tener que aprender e inventar todos los días como resolver los retos diarios y luego de interactuar con gente más inteligente y apasionada que tú; luego de cometer los errores más estúpidos y de tener que resolverlos en tiempo record, tras darte cuenta que tienes que ser un generalista por necesidad y no por elección vas a ver cuánto creciste y cuan poco sabías antes.

Si obtener un título que atestigüe que estas razonablemente familiarizado con un subconjunto especifico del conocimiento acumulado hasta hace unos años, ve a una universidad. Si quieres aprender, trabaja en una startup.

[1] Si es que tal palabra existe.

Hacker in house

Pues les platico que después de cuatro largos años de arduo trabajo y aprendizaje, a principios del pasado mes de junio dejé de trabajar para Onswipe. Debo confesar que, cuando Andrés Barreto me reclutó a mediados del 2010 para hacer un plugin de WordPress, nunca imaginé que éste daría luz a una empresa con VC investment y alcance global. Good times.

Y les platico también que ahora he aceptado trabajar de nuevo con Andres, esta vez en Social Atom Ventures, en una posición llamada Hacker In House. Mi nuevo trabajo consiste en dar asesoría y mentoría técnica a las startups del portafolio de SAV que así lo requieran. Les cuento que hasta ahora parece el trabajo más divertido y productivo que he tenido en mi vida.

Y bueno, eso. Por si estaban con el pendiente.

En Campus Party

A mediados del 2004 (¡wow! ¿diez años?) comencé este blog (en otro dominio entonces, con otro nombre) hablando sobre diseño primero, luego sobre freelancing, sobre tecnología y desarrollo, luego sobre emprendimiento y luego… luego nada. En esos primeros años escribí mucho, mucho y me volví parte de esta naciente comunidad “tech” en México. Cuando digo comunidad, me refiero a unos treinta monos que escribíamos blogs. Todos nos conocíamos.

Pasé los últimos cuatro años trabajando en una startup, por falta de tiempo dejé de escribir, dejé de participar en la comunidad, dejé de dar charlas, deje de hacer side-projects. Como me dijo hace un rato mi buen amigo Adán: Me desaparecí.

Ahora estoy en la campus party, vine decidido a hacer conexiones y comenzar una nueva etapa, pero estoy abrumado. Soy extremadamente introvertido y solo la idea de hablar con desconocidos me aterra. Pensé que iba a encontrar a mis amigos de antaño, pero no es el caso. No conozco a nadie, nadie me conoce.

Bueno, ahorita vengo, vamos a ver si podemos cambiar eso.

Sólo agregue contenido

En días pasados, mi esposa —que recientemente se ha vuelto una entusiasta del movimiento de maker— me comentaba, con un poco de frustración, que debería haber una manera de seguir y agregar todos los blogs de crafting que le gusta leer en un sólo lugar. Mi respuesta: ¿Y si te dijera que tal cosa existía hasta hace unos meses?

Lo cierto es que Google Reader ha dejado un vacío muy grande en el mercado de los agregadores de RSS, pero la muerte de los feeds (y en cierta manera de los blogs) se había venido profetizando desde hace varios años. Parece ser, dicen los expertos, que en el panorama de de la web post 2.0 no hay cabida para un anacrónismo tal como la sindicación de contenidos via XML.

Yo creo que los expertos se equivocan.

Si bien es cierto que la implementación del RSS y sus primos impidió que alcanzara a las audiencias mainstream, eso no significa que la idea: la libertad y la habilidad de agregar contenidos de toda la red en un sólo lugar, carezca de méritos.

Y estoy bien enterado de las múltiples alternativas que han surgido para reemplazar Google Reader, y ya hasta he movido mi lista de 500 subscripciones a varios de esos servicios. Ninguno de ellos, sin embargo, parece dispuesto a inovar. ¿Quien puede culparlos? El mercado de frikis que el gigante Google tuvo por poco es más que suficiente para sostener varias compañías de nicho.

Pero se necesita más que predicarle al coro. Siempre se dijo que el problema con el concepto de feeds es que era demasiado techie. ¿Pero tiene que ser así? La idea de un agregador de contenido que no apeste y que sea atractivo para las masas es tan obvia, que estoy seguro que alguien está trabajando en solucionarlo en este mismo momento.